Sobre la tiranía del entretenimiento

Gracias a que el entretenimiento está bien delimitado, a que la diversión tiene un término y no se convierte en aventura, a que la escapada de fin de semana no nos arroja a un auténtico viaje (un viaje en el que pongamos en riesgo el tiempo de vida «que tanto aborrecemos pero que tanto tenemos que abandonar»), gracias, pues, a su condición pasajera, a que asistimos a situaciones extraordinarias sin necesidad de despeinarnos, a que las luces al cabo se encienden y llega el momento de ponerse el abrigo para volver a casa, el entretenimiento ejerce su suave tiranía”.

—Luigi Amara, La escuela del aburrimiento.

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