Una casa transparente

Para Nancy Hernández.

Y qué son los poemas sino casas, crisálidas de sentido, capullos de palabras, polluelos rompiendo el cascarón del habla. Qué son los poetas, sino sembradores, semillas, buenos días, árboles que caminan sobre su propia voz. Qué es la voz, hermana ave, sino la esencia traslúcida del poema que desoculta cualquier cosa que sea posible: caballo de viento. Qué es la posibilidad sino un relámpago que alumbra, quema y se mete en la herida de la noche para crecer como un sol en la garganta, un hallazgo en la respiración. Qué es crecer sino decisión, lucha, una espalda curveada, fertilidad, espacio de luz, olor a pan, un poco de lluvia y otras formas de fortuna. Qué es la forma sino la hechura del asombro, un estornudo, a veces accidente, un recuerdo, un pájaro en la sombra, una mirada azul al reloj sin pila, la estructura mágica de los tiempos que corren hacia la fatalidad del instante, locura, río de azoro. Qué es el instante sino la misma casa que los poemas habitan, la pintan de blanco, la amueblan, la defienden, la vacían, la venden, la derrumban, la reconstruyen, la comparten, la devuelven en escombros para empezar de nuevo desde sus pedazos; es la misma en la que se escriben, se sueñan y se despiertan entre las manos adoloridas. Qué son las casas sino bosques de la infancia, camas, tumbas, muerte agusanada por el cambio. Qué son las casas sino unas cuantas tardes sin nombre, días que demoran el absurdo del mañana. Qué es el mañana sino una niebla, otra morada del quehacer. Qué es la poesía sino todo eso y tampoco nada. Acaso un punto vital de encuentro, un poco de silencio, un refugio o tal vez una traza de algo aún más transparente.

Javier Tinajero R.
Para reconocerse tuvo que andar a favor de los vientos.

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