Dodecálogo para una escritura higiénica

Por Javier Tinajero R.


Los siguientes consejos de Ray Bradbury son para cualquier persona que esté pensando en iniciar la ardua carrera de la escritura. Esa extraña forma de vida que crea entes «de fiebres y arrebatos», criaturas en peligro de extinción que se alimentan de palabras y que excretan historias. Ya sea que lo hagan con una pluma sobre el papel o presionando las yemas de los dedos en el teclado, los que escriben y logran publicar son llamados “autores”. ¿Pero por dónde empezar?, ¿cuál es el punto de partida?

Aunque Bradbury solía contestar a menudo estas preguntas con una frase muy simple: «escribe como sea que mejor te funcione», en el año 2001 durante un simposio organizado por una universidad en California, ofreció un discurso en donde enseñó toda una cátedra sobre el oficio.

Así es como vemos entrar en el auditorio a Ray. Un hombre de 80 años con bastón en mano y cabello blanco, parece que le pesan los años, sí, pero tiene tanta energía mental que ni tú ni yo podríamos seguirle el paso.

Durante más o menos una hora, el autor de las Crónicas marcianas, contó a su audiencia algunas historias sobre su vida, siempre desde una perspectiva muy original, la que le tocó vivir a través de esos anteojos de pasta gruesa: ser un escritor que aprendió todo por sí mismo.

Con un gran poder narrativo y con su característico sentido del humor, nos va deleitando con la sabiduría que sólo se acumula con el tiempo y el trabajo disciplinado. Su intención es la de hacernos más sencilla la vida, cuidarnos como un padre que sostiene a su hijo en su primera aventura en bicicleta. Son esos pequeños consejos, cosas tan simples y tan asequibles, que pueden ser aplicadas por cualquiera que cuente con la pasión suficiente. La aventura, parece decirnos cada que termina sus frases con un «¡eh!», debe ser comprometida: hay que hacer todo con «garra» y «entusiasmo»:

Cuán raramente se oyen estas palabras. Qué poca gente vemos que viva o, para el caso, crea guiándose por ellas.” (Zen en el arte de escribir)

A sabiendas de que si sumamos esa pasión con el poder de la habituación como una forma factible de mejoramiento en cualquier ámbito de la vida, Bradbury bautizó a su método como: «escritura higiénica» o «higiene del escritor» (writing hygiene o writer’s hygiene), en referencia a algo tan cotidiano como el primer acto de la mañana: si todos los días lo primero que hacemos al levantarnos de la cama es lavarnos los dientes, ¿por qué no hacer lo mismo pero con la intención de comenzar el día escribiendo?

Así es como en esta entretenida charla es posible extraer un conjunto de varios de esos «buenos hábitos», en este caso, un sitio en inglés (Open Culture) hizo una lista resumida en 12 apartados con una dudosa redacción, lo que provocó que otras páginas de internet tomaran de forma literal el listado y lo tradujeran con igual o peor desempeño. Es por eso que me di a la tarea de consultar el video para reescribir punto por punto, pero esta vez nutrir cada uno de ellos con citas del Zen en el arte de escribir (Ed. Minotauro), un libro de ensayos que publicó Ray Bradbury para «expresar descubrimientos especiales» y para servir a «especiales necesidades». Lo que ha terminado en este artículo como un Dodecálogo* más coherente y afilado. Espero sea de utilidad.

*Nota: Lo escrito por Ray Bradbury está en cursivas.


Dodecálogo para una escritura higiénica


1. Sé paciente y constante.

No comiences haciendo novelas, escribirlas toma mucho tiempo. Principia tu vida de escritor creando una cantidad endemoniada de cuentos. Por lo menos termina uno cada semana y haz este ejercicio durante todo un año completo, te darás cuenta que es simplemente imposible escribir 52 malas historias al hilo. Yo esperé hasta que cumplí 30 años para escribir mi primera novela, Farenheit 451 y ha valido la pena, ¿no?

Debemos alzar las armas cada día, sin excepción, sabiendo quizá que la batalla no se puede ganar del todo, y que debemos librar aunque más no sea un flojo combate. Al final de cada jornada el menor esfuerzo significa una especie de victoria. Acuérdense del pianista que dijo que si no practicaba un día, lo advertiría él; si no practicaba durante dos, lo advertirían los críticos, y que al cabo de tres días se percataría la audiencia.”

“Uno tiene que mantenerse borracho de escritura para que la realidad no lo destruya.”

2. Imita pero sé creativo.

Tal vez los ames, pero no puedes ser como ellos. Tenlo en mente cuando de forma inevitable, ya sea consciente o inconscientemente, imites a tus escritores favoritos, justo como yo imité a H. G. Wells, Julio Verne, Arthur Conan Doyle y L. Frank Baum.

Para el escritor principiante, imitar es natural y necesario.”

Pero:

No hay nada que supere a la creatividad verdadera.”

3. Compara y aprende.

Examina la “calidad” de otros cuentos. Lee a Roald Dahl, Guy de Maupassant y los menos conocidos Nigel Kneale y John Collier. Busca cualquier cosa que se publique en revistas (como el New Yorker) y nota como a veces esas historias carecen de metáforas.

La historia de cada cuento, entonces, debería leerse casi como un informe meteorológico: Caluroso hoy, refrescando mañana. Hoy por la tarde incendie usted la casa. Mañana vierta fría agua crítica sobre las brasas ardientes. Para cortar y reescribir ya habrá tiempo mañana. Hoy, ¡estalle, hágase pedazos, desintégrese! Las otras seis o siete versiones serán toda una tortura. ¿Por qué no disfrutar pues de la primera, con la esperanza de que su gozo busque y encuentre en el mundo otros que al leer su cuento también se incendien?”

4. Fortifica tu conocimiento.

Para escribir se necesita leer, esto fortalece tu mente acumulando los ladrillos intelectuales que servirán para construir las edificaciones metafóricas necesarias para tus historias. Cursa mi «programa de lectura en cama»: lee antes de dormir un cuento, un poema y un ensayo de autores como Pope, Shakespeare y Frost, y no mierda de literatura contemporánea. Los ensayos deben venir de diversos campos del conocimiento, como arqueología, zoología, biología, filosofía, política, literatura, etc. Al final de miles de noches (tres años), te juro por Dios que estarás bien alimentado.

“Lea usted poesía todos los días. La poesía es buena porque ejercita músculos que se usan poco. Expande los sentidos y los mantiene en condiciones óptimas. Conserva la conciencia de la nariz, el ojo, la oreja, la lengua y la mano. Y, sobre todo, la poesía es metáfora o símil condensado. Como las flores de papel japonesas, a veces las metáforas se abren a formas gigantescas.”

5. Deshazte de las amistades que no creen en ti.

¿Tus “amigos” se burlan de tus ambiciones como escritor? Llámalos y despídelos inmediatamente.

A veces me anonada la capacidad que tuve a los nueve años para comprender que estaba en una trampa y escaparme.
¿Cómo fue que el niño que era yo en octubre de 1929 pudo, por las críticas de unos compañeros del cuarto curso, romper sus historietas de Buck Rogers y un mes más tarde pensar que esos compañeros eran todos un montón de idiotas y volver a coleccionar?”

“¿Quiénes son sus amigos? ¿Creen en ti? ¿O le atrofian el crecimiento a fuerza de ridículo e incredulidad?
Si éste es el caso, usted no tiene amigos. Vaya a encontrar alguno.”

6. Vive en una biblioteca.

No vivas en la pinche computadora. Yo no fui a la universidad, pero mi insaciable hábito de lectura me permitió “graduarme” en la biblioteca a los 28 años de edad.

A correr y leer. A leer y correr.”

“Pensar en Shakespeare y Melville es pensar en truenos, relámpagos, viento. Todos conocían el gozo de crear en formas amplias o reducidas, en telas ilimitadas o estrechas. Son los hijos de los dioses. Sabían divertirse trabajando. No importaba si de vez en cuando crear era difícil, qué tragedias o enfermedades les afectaban la vida más íntima. Las cosas importantes son las que nos llegaron de sus manos y sus mentes, y están llenas a reventar de vigor animal y vitalidad intelectual. Nos transmitieron sus odios y desesperaciones con una especie de amor.”

7. Sé un cinéfilo.

De preferencia enamórate de las películas antiguas.

Soy hijo del cine. Empecé a los dos años y he visto todas las películas que se han hecho. Estoy atiborrado. A los diecisiete años veía hasta doce o catorce películas por semana. Diablos, es un montón de películas. Lo cual significa que lo he visto todo, entre otras cosas toda la basura. Pero está bien. Es una forma de aprender.”

8. Escribe con júbilo.

Ten esto en mente: «escribir no es una empresa seria». Si al escribir una historia empieza a sentirse como trabajo, tírala a la basura y comienza una nueva. ¡Quiero que envidies mi alegría!

Si uno escribe sin garra, sin entusiasmo, sin amor, sin divertirse, únicamente es escritor a medias. Significa que tiene un ojo tan ocupado en el mercado comercial, o una oreja tan puesta en los círculos de vanguardia, que no está siendo uno mismo. Ni siquiera se conoce. Pues el primer deber de un escritor es la efusión: ser una criatura de fiebres y arrebatos. Sin ese vigor, lo mismo daría que cosechase melocotones o cavara zanjas; Dios sabe que viviría más sano.”

9. No esperes dinero.

Mi esposa tomó un voto de pobreza al casarse conmigo, llegamos a los 37 años antes de podernos permitir un automóvil y además nunca fui por la licencia.

Escribir es una forma de supervivencia. Cualquier arte, cualquier trabajo bien hecho lo es.”

“No dé la espalda, por dinero, al material que ha acumulado en una vida.
No dé la espalda, por la vanidad de las publicaciones intelectuales, a lo que usted es; al material que lo hace singular, y por tanto indispensable a los otros.”

10. Haz tu “lista”.

Enlista 10 cosas que ames y 10 que odies, luego escribe acerca de las primeras y “mata“ las segundas. Haz lo mismo con tus miedos.

Empecé a hacer listas de títulos, a escribir largas líneas de sustantivos. Eran provocaciones, en última instancia, que hicieron aflorar mi mejor material. Yo avanzaba a tientas hacia algo sincero escondido bajo el escotillón de mi cráneo.
Las listas decían más o menos así:
EL LAGO. LA NOCHE. LOS GRILLOS. EL BARRANCO. EL DESVÁN. EL SÓTANO. EL ESCOTILLÓN. EL BEBÉ. LA MULTITUD. EL TREN NOCTURNO. LA SIRENA. LA GUADAÑA. LA FERIA. EL CARRUSEL. EL ENANO. EL LABERINTO DE ESPEJOS. EL ESQUELETO.
En esa lista, en las palabras que simplemente había arrojado al papel confiando en que el inconsciente, por así decir, alimentara a los pájaros, empecé a distinguir una pauta.
Echando a la lista una mirada, descubrí que mis viejos amores y miedos tenían que ver con circos y ferias”.

11. Escribe lo primero que venga a tu mente.

Usa la “asociación de palabras“ para romper con el bloqueo creativo: ¡no sabrás qué es lo que hay en ti hasta que lo pongas a prueba!

Lo que para todos los demás es El Inconsciente, para el escritor se convierte en La Musa. Son dos nombres de lo mismo.”

12. Recuerda el objetivo.

Escribir historias se trata de hacer a la gente feliz. Lo que estás buscando es que tan sólo una persona venga y te diga: «Amo lo que haces», o en su defecto que «no estás tan loco como todo mundo dice».

Soy lo que hago; por eso estoy aquí.
¡Soy lo que hago!
¡Para eso vine al mundo!”


RAY DOUGLAS BRADBURY (Waukenaun, Illinois, 1920 – Los Ángeles, California, 2012). Novelista y cuentista estadounidense conocido principalmente por sus libros de ciencia ficción. Alcanzó la fama con la recopilación de sus mejores relatos en el volumen Crónicas marcianas (1950), que obtuvieron un gran éxito y le abrieron las puertas de prestigiosas revistas. Se trata de narraciones que podrían calificarse de poéticas más que de científicas, en las que lleva a cabo una crítica de la sociedad y la cultura actual, amenazadas por un futuro tecnocratizado. En 1953 publicó su primera novela, Fahrenheit 451, que obtuvo también un éxito importante y fue llevada al cine por François Truffaut. En ella puso de manifiesto el poder de los medios de comunicación y el excesivo conformismo que domina la sociedad.

Pero Bradbury no sólo cultivó la ciencia ficción y la literatura de corte fantástico, sino que escribió también libros realistas e incluso incursionó en el relato policial. Su prosa se caracteriza por la universalidad, como si no le importara tanto perfeccionar un género como escribir acerca de la condición humana y su temática, a través de un estilo poético.

Aparte de los mencionados, son también muy conocidos títulos como El árbol de las brujas o Cementerio para lunáticos.

Murió el 5 de junio de 2012 a la edad de 91 años en Los Ángeles, California. A petición suya, su lápida funeraria, en el Cementerio Westwood Village Memorial Park, lleva el epitafio: «Autor de Fahrenheit 451».

Javier Tinajero R.
Para reconocerse tuvo que andar a favor de los vientos.

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