La poesía es un paisaje interior

El 7 de noviembre de 2016 fue el día en que murió uno de mis autores preferidos. Recuerdo bien la fecha porque aquella mañana que desperté y vi la noticia no lo podía creer. Apenas habían pasado tres meses desde que se estrenó su último disco You Want It Darker, y tenía pocos días de haberse congratulado por el premio Nobel de Literatura otorgado a Bob Dylan. Con 82 años de edad y en pleno esplendor creativo, Leonard Cohen parecía un inmortal.

La poesía es la prueba de que hay vida. Si tu vida se está ardiendo bien, la poesía es la ceniza.

Su vida y obra fueron como un gigantesco incendio: varios libros de poemas, un par de novelas y cientos de canciones. A pesar de ser un escritor prolífico, yo sólo lo conocía por la fama de su música y por el su distintivo semblante oscuro que siempre portaba: un sombrero negro.

Mi encuentro con su poesía fue tardío, comencé a leerlo por accidente a los 30 años de edad, cuando en un viaje a Nepal tropecé con uno de sus libros en la famosa librería Pilgrims Book House. Lo encontré (o el libro me encontró a mí) en una pila de ejemplares maltratados que costaban 1 dólar. El hallazgo era un tesoro, una rara copia de Death of a Lady’s Man (Penguin 1978) que contiene poemas, letras de canciones y varios textos en prosa. Uno de ellos es How to speak poetry.

How to speak poetry (Cómo decir poesía) es un texto fundacional para mí. Me ayudó a sobreponerme de la timidez a la hora de leer mis poemas en público. De cierta manera, Cohen me ha acompañado todas la veces que estuve debatiéndome en esos instantes en que me sudaban las manos y me petrificaba la incertidumbre. Sus palabras me sirvieron de guía para no perder la voz ahí, en la oscuridad de lo que él llamaba “Paisaje interior”. Es por esta razón que escogí este texto para traducirlo y compartirlo con ustedes como un homenaje póstumo.

Además de la traducción, rescaté una grabación en donde Leonard Cohen hace una lectura en voz alta del texto completo. Es maravilloso. Lo escucho y no puedo dejar de sentir que el ritmo de sus palabras y la belleza de su entonación jamás podrán ser traducidas. Ante el fracaso previsto, aquí dejo su voz en audio y mi versión del texto en español.

 


How to speak poetry

(Cómo decir poesía)

POR LEONARD COHEN

Traducción al español de Javier Tinajero R.


Toma la palabra mariposa. Para usar esta palabra no es necesario hacer que la voz pese menos que 28 gramos o equiparla con pequeñas alas empolvadas. No es necesario inventar un día soleado o un campo de narcisos. No es necesario estar enamorado o enamorarse de las mariposas. La palabra mariposa no es una mariposa de verdad. Está la palabra y está la mariposa. Si confundes estos dos elementos, las personas tienen todo el derecho a reírse de ti. No le des tanta importancia a la palabra, ¿estás tratando de transmitir que amas a las mariposas con más perfección que nadie o que entiendes realmente la naturaleza de las mariposas? La palabra mariposa no es más que un dato. No es una invitación a revolotear, elevarte, ser amigo de las flores, simbolizar la belleza y la fragilidad o personificar de alguna forma a una mariposa. No personifiques las palabras, nunca las actúes. Nunca te despegues del piso cuando hables de volar. Nunca cierres los ojos y sacudas la cabeza a un lado cuando hables de la muerte. No fijes tus ojos ardientes en mí cuando hables de amor. Si quieres impresionarme cuando hablas sobre el amor, pon tu mano en tu bolsillo o debajo del vestido y acaríciate. Si el hambre de tu ambición por ser aplaudido te han llevado a hablar sobre el amor, entonces debes aprender a hacerlo sin desacreditarte a ti mismo ni lo que dices.

¿Qué expresión podría definir nuestra era? Nuestra época no tolera expresión alguna. Todos hemos visto fotografías de madres asiáticas desoladas, así que no nos interesa tu agonía. Nada de lo que puedas expresar con tu cara se puede comparar con el horror de este tiempo. No lo intentes siquiera, sólo merecerías el desdén de los que han sido tocados en lo más profundo. Todos hemos visto los encabezados de las noticias de seres humanos en extremo dolor y desazón. Todos sabemos que comes bien y que hasta te pagan para que te subas a un escenario. Estás ahí para las personas que han vivido una catástrofe, así que tranquilízate. Di las palabras, transmítelas y hazte a un lado. Todos saben que tú sufres. No puedes decirle al público todo lo que sabes del amor en cada verso de amor. Hazte a un lado, la gente sabrá lo que tú sabes porque ya lo sabía. No tienes nada que enseñarles. No eres más hermoso que ellos. Ni más sabio. No les grites. No fuerces una entrada en seco. Eso es una mala práctica sexual. Si vas a mostrar contorno de tus genitales, entrega lo que prometes. Y recuerda que la gente no quiere acróbatas en la cama.

¿Qué es lo que necesitamos? Estar cerca del hombre natural, estar cerca de la mujer natural. No quieras ser un cantante venerado por un público fiel y numeroso que desde siempre ha seguido los altibajos de tu vida en este momento. Las bombas, lanzallamas y demás mierdas han destruido algo más que árboles y poblados. También destruyeron los escenarios. ¿Acaso creías que tu profesión iba a escapar de la destrucción? Ya no hay escenarios. Ya no hay luces de bohemia. Estás entre personas, por tanto sé modesto. Di las palabras, transmítelas y hazte a un lado. Quédate solo. Quédate en tu habitación. No montes un número para ti.

Se trata de un paisaje interior. Está adentro y es íntimo. Respeta esa intimidad de los textos, pues han sido escritos en silencio. La valentía es decirlos. La disciplina de decirlos es no violarlos. Deja que la audiencia sienta tu amor por la intimidad aunque ésta no exista. Sé una buena prostituta. El poema no es un eslogan. No puede hacerte publicidad. No promoverá tu reputación de sensible. No eres un semental. No eres un casanova. Todo eso es basura de gandallas del amor. Tú eres un estudiante de la disciplina. No actúes las palabras. Las palabras mueren cuando las sobreactúas, se marchitan, y no nos queda otra cosa más que soportar tu ambición.

Di las palabras con la exacta precisión con la que comprobarías la lista de tu lavandería. No te conmuevas con una blusa de encaje. Unos calzones no tienen por qué ponerte erecto. Que no te de escalofrío al ver una toalla. Las sábanas no deben provocarte una expresión de sueño alrededor de los ojos. No hace falta que llores en el pañuelo. Los calcetines no están ahí para evocarte extraños y lejanos viajes. No es más que tu lavandería. No es más que tu ropa. No espíes a través de ella. Limítate a vestirte con ella.

El poema es sólo información. Es la Constitución de tu patria interna. Si lo declamas y lo inflas con nobles intenciones, eres peor que esos políticos que tanto desprecias. No haces más que ondear una bandera y llamar de forma patética a la patriotería emocional. Piensa en las palabras como ciencia, no como arte. Son un informe. Estás hablando en medio de una conferencia del Club de exploradores de la National Geographic. Las personas que te escuchan conocen todos los riesgos de escalar una montaña, y te honran dando por sentado que lo sabes. Si les embarras tu sapiencia en la cara, estás insultando su hospitalidad. Informa sobre la altitud de la montaña, describe el equipo que utilizaste para subir, sé específico sobre el tipo de superficie y sobre el tiempo que te tomó escalar hasta la cima. No busques asombrar al público. Si el público se queda boquiabierto, no será debido a tu apreciación de los hechos, sino a la suya. El asombro estará en la estadística y no en las inflexiones de tu voz ni en los ademanes enérgicos de tus manos. Estará en el texto y en la calma de tu presencia.

Evita las florituras. No temas ser débil ni te avergüences de estar cansado, te ves bien cuando estás cansado, parece como si pudieras seguir para siempre.

Ahora ven a mis brazos. Eres la imagen de mi belleza.


El texto original puede ser leído en: lithub.com

Javier Tinajero R.
Para reconocerse tuvo que andar a favor de los vientos.

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