La memoria de un encuentro amoroso

Haré fundir en bronce lo redondo de tu beso y mi beso, y lo pondré en el centro de tu olvido para que no lo olvides.

Son las palabras que están grabadas al reverso de esta escultura de Charlotte Yazbek: «Los novios» (1973).

La espigada pareja yace sentada con placidez en una banca del Bosque de Chapultepec. Cuando los encontré no pude evitar pensar en lo dicho por Octavio Paz en La llama doble:

Somos juguetes del tiempo y sus accidentes: la enfermedad y la vejez, que desfiguran al cuerpo y extravían al alma.

Porque estas figuras de bronce están ahí como representaciones de lo eterno, exentas de la ruptura y el infortunio. Pero todos sabemos por experiencia propia que ese amor es una ilusión, que al final es más real el dolor de los amantes al darse cuenta de lo efímero que ha sido su encuentro.

Tal vez por eso la necesitad de la escultora de fundir la memoria de dos enamorados en un frío metal inerte. En efecto, lo inanimado cobra vida como arte y permanece, pero sólo lo hace para mostrarnos nuestra fragilidad en el tiempo.

Javier Tinajero R.
Para reconocerse tuvo que andar a favor de los vientos.
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