En la fotografía está Fernando, un niño que fue retratado a finales del siglo XIX en Durban, cuando vivía en esa ciudad de Sudáfrica con su familia y su padrastro que trabajaba allí como cónsul.

Fernando había nacido en Lisboa el 13 de junio de 1888. Si la fotografía está fechada de forma correcta, en junio de 1898, entonces el chamaco estaba cumpliendo apenas los 10 años, esa edad fulgurante en que se intensifica la sensación del asombro, donde todo aún sigue siendo nuevo y mágico antes de consumirse en el albor de la adolescencia. Posa tímido, con sus manos dentro de los bolsillos. Atrás de él hay un bosque pintado de forma difusa que sirve de fondo. A la izquierda hay un tronco decorativo, y encima de éste, casi flotando, yace un sombrero muy cerca de su mano derecha, dando la ilusión de habérselo quitado segundos antes para la foto. Pero Fernando no parece estar presente al momento de ser retratado. Aunque tiene los ojos mirando hacia a la cámara, se puede apreciar que los tiene ligeramente entrecerrados, como si estuviera poseído por un sopor y éste lo hubiera transportado a otro tiempo.

Veo la fotografía y me gusta imaginar que Fernando está soñando despierto, tal vez sueña que es un poeta que se apellida Pessoa:

Todos tenemos dos vidas:1
La verdadera, la que soñamos en la infancia
y que seguimos soñando, adultos en un sustrato de niebla;
la falsa, la que vivimos en convivencia con otros
la práctica, la útil
aquella en la que acaban por meternos en una caja.
En la otra no hay ataúdes, ni muertes
sólo hay ilustraciones de la infancia:
Grandes y coloridos libros para ver y no para leer
grandes páginas de colores para recordar más tarde.
En la otra somos nosotros
en la otra vivimos.


  1. Fragmento del poema Dactilografía, contenido en Poesías de Álvaro de Campos. Escrito por Fernando Pessoa en Lisboa, el 19 de diciembre de 1933. La torpe traducción es mía.

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