La poesía del cosmos

Vivimos en un universo extraño y maravilloso. Se necesita una extraordinaria imaginación para apreciar su edad, tamaño, violencia, e incluso su belleza. Podría parecer que el lugar que ocupamos los humanos en este vasto cosmos es insignificante; quizá por ello tratamos de encontrarle un sentido y de ver cómo encajamos en él.

A Briefer History of Time, Stephen Hawking.

(Fotografía tomada del sitio web de la Universidad de Cambridge.)


I

La muerte de un gigante

El 14 de marzo de 2018, a la edad de 76 años, se apagó, como lo harán todos los soles, el profesor Stephen Hawking.

A pesar de haber estado confinado a una silla de ruedas durante la mayor parte de su vida a causa de una enfermedad neuromotora (ELA), fue una de las mentes más activas y brillantes de la humanidad.

Hawking abrió nuevos horizontes para repensar las leyes que rigen el universo. Su gran aporte al conocimiento no sólo fue revelar que los agujeros negros tienen temperatura y producen radiación —ahora conocida como Radiación de Hawking—, sino su incansable labor de divulgación científica para que estas complejas ideas fueran entendidas por un público más amplio, usando el humor y un lenguaje sencillo como catapultas para sus libros.

Es el caso de A Brief History of Time (1988), un libro que leí muy joven y que me acercó de manera definitiva a la ciencia, redondeando lo que ya había hecho la serie de televisión Cosmos, de Carl Sagan.

Fue triste leer la noticia de su fallecimiento, pero el profesor quedará en nuestra memoria como una representación viva de aquella mítica frase de Newton que a Hawking le encantaba citar:

Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes.


II

Un paraíso perdido

Sarah Howe, poeta británica nacida en Hong Kong en 1983, tenía la encomienda de escribir algo sobre la luz para el Día Nacional de la Poesía celebrado el 4 de octubre del año 2015 en Gran Bretaña. Sarah cuenta para el Paris Review que decidió escribir un poema como homenaje en vida a Stephen Hawking, inspirada en un decisivo encuentro entre la poesía y la ciencia en el Renacimiento.

Se trata de un acontecimiento en la Florencia de 1638, cuando el joven poeta John Milton buscó a Galileo Galilei. Para entonces, Galileo era un anciano ciego que vivía bajo arresto domiciliario, encerrado por la Inquisición por afirmar, después de sus observaciones celestiales, que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés como creía la Iglesia. Años más tarde, en una especie de simetría temporal, Milton envejecido y ciego le rendiría homenaje con un poema épico sobre los orígenes del universo, Paradise Lost, en donde el gran astrónomo tiene una aparición con su telescopio apuntando a las manchas oscuras del Sol.

Sarah no sólo pensó en la cercana relación que tiene la ciencia y la poesía al usar las metáforas para explicar el funcionamiento de todas las cosas, también vio la oportunidad de hacer un guiño a la Historia y regalarnos un poema magnífico: Relativity, inspirado también en el pensamiento dominante de la era digital, la que puso en movimiento Albert Einstein.

La ciencia se basa en la metáfora, la herramienta tradicional del poeta, para describir y comunicarse. Este fue un tema recurrente de mis charlas con colegas científicos, quienes en la docencia presentan analogías para explicar ideas complejas para sus estudiantes o fenómenos que tienen lugar en un nivel que no podemos ver. También eran conscientes de cómo estas metáforas pueden inducir al error, haciendo que lo conocido y lo desconocido sean más parecidos de lo que realmente son. Quería explorar esa tensión en «Relatividad», cuyo título apunta a la famosa teoría de Einstein… Para mí, la relatividad también sugiere la relación entre dos cosas en una comparación: la ligadura de la palabra «like», que suena a través de mi poema, cuya interacción nos permite pensar.

Cuando Howe informó a Hawking que había escrito un poema para él, el profesor, con esa inmensa curiosidad que le caracterizaba, pidió conocerla de inmediato. La poeta recuerda que lo primero que hizo al verlo fue contarle que gracias a la lectura de A Brief History of Time durante su adolescenciahabía sumado muchos libros de ciencia ficción a su biblioteca, incluyendo títulos de Asimov y otros grandes autores, devorándolos con una obsesión desmedida, hasta el punto de pintar de negro el techo de su cuarto y salpicarlo de estrellas fosforescentes para crear su propio cielo nocturno.

Sarah leyó el poema en voz alta y fue testigo del enorme esfuerzo que Stephen Hawking tenía que hacer para responder. Todos sabemos acerca de cómo era su voz y que él mismo diseñó el mecanismo que le permitía mover los músculos de su mejilla para navegar por un menú desplegable en su monitor y escoger las palabras que luego serían leídas con un sonido robótico. Hawking tardó más de quince minutos en decir algo, pero Sarah quedó asombrada por la magnificencia de esas pocas palabras:

Los físicos y los poetas se podrán dedicar a disciplinas distintas, pero buscan lo mismo: comunicar la belleza del mundo que nos rodea.


III

Las rimas del Tiempo

Los viajes en el tiempo fueron alguna vez considerados herejía científica. Yo solía evitar hablar de eso por miedo a ser etiquetado como un maniático. Pero ahora ya no soy tan prudente. De hecho me parezco más a quienes construyeron Stonehenge: estoy obsesionado con el tiempo… Si tuviera una máquina del tiempo, visitaría a Marilyn Monroe en su juventud o acompañaría a Galileo en la primera vez que apuntó su telescopio al cielo.

—Stephen Hawking (Time travel)

Un caso de extrema serendipia:

Stephen Hawking nace el mismo día (8 de Enero 1942) en que falleció Galileo Galilei (8 de Enero de 1642) y muere exactamente el mismo día (14 de Marzo de 2018) en que nació Albert Einstein (14 de Marzo de 1879). Además de estas fortuitas sincronicidades, la frase que a Hawking le gustaba citar (Sobre hombros de gigantes), son palabras de Isaac Newton a Robert Hooke en una carta escrita en 1676. Einstein y Hawking mueren a los 76 años de edad. El poema de John Milton, Paradise Lost, fue publicado en 1667. Y Sarah Howe publica su poema Relativity en 2015, cien años después de que Einstein publicara La teoría general de la relatividad (1915). Sarah estaba en sus treintas al igual que John Milton cuando ambos conocieron a Hawking y Galilei que ya pasaban de sus setentas.

Tal vez se puedan encontrar más y más números, pero como dijera una vez Albert Einstein y Stephen Hawking refutara después:

Dios no juega a los dados…


IV

Dejo entonces aquí mi versión de este poema, pidiendo una disculpa a la autora por la torpeza de mi traducción y por las libertades poéticas.

Relatividad

para Stephen Hawking 

de Sarah Howe 

Cuando despertamos tocados por el pánico en la oscuridad

nuestras pupilas tantean las formas de las cosas conocidas

los fotones se desatan de sus ranuras como sabuesos de rastreo

revelan la naturaleza doblada de la luz que se funde en las sombras

trazan líneas luminosas en la asombrada pared de un laboratorio

dejan de ser partículas, tan sólo para ondear su certera despedida

Pero: ¿dónde está la certeza de un cosmos que hace efecto doppler

como el llanto de una sirena a la medianoche? Eso dicen:

que un destello es visto arriba o abajo de un tren a toda velocidad

y explica con exactitud por qué el tiempo se expande como una tarde

maravillosa: prediciendo agujeros negros entre las líneas que se cruzan

como una recta de ese pesado horizonte que se quedará indómito

por el pulso de las estrellas. Si ya hemos pensado tan lejos

¿lo harán alguna vez nuestros ojos al habituarse a la oscuridad?

Traducido al español por Javier Tinajero R.


Stephen Hawking lee Relatividad, un poema de Sarah Howe, filmado por Bridget Smith.

 

Javier Tinajero R.
Para reconocerse tuvo que andar a favor de los vientos.

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