Comezón

Fotografía de Alise Carter.


Que muera conmigo el misterio que está escrito en los tigres.

—Jorge Luis Borges.

La necesidad de escribir es parecida a la de rascarse. El papel es la piel, las palabras son las uñas. Pero ese escozor no es algo que se calma con facilidad. Uno se rasca pero la picazón salta de un lugar impreciso hacia todos lados. Más abajito, más a la izquierda… ¡ahí! Te rascas y la comezón se expande entre el placer de la piel y la desesperación de no poder satisfacerla por completo. Imposible no pensar en que por eso hemos inventado la manita rascadora y también hemos despreciado la compañía de aquel que no sabe rascarnos. Escribir es rascarse una comezón inexplicable. No se sabe exactamente dónde comienza ni por qué uno no puede ignorarla, sólo está el extraño gozo de frotar la piel hasta dejarse la carne viva. De ahí que ciertos textos terminen siendo pomadas y bálsamos; o todo lo contrario, textos que son zarpazos de tigre.

Ahora que ya lo sabes, ven, pon la manos en forma de garra, encuentra el lugar indicado y ráscame.

Javier Tinajero R.
Para reconocerse tuvo que andar a favor de los vientos.

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