Grillo

De la escritura tengo que decir que se me da a chirridos, casi siempre de noche, escondido en la oscuridad, detrás de mis miedos y mis libreros, entre polvo y piel muerta, a desiertas horas, aunque el ruido del mundo no haya cesado. Pero también sucede de día, más tenue o quizá en otro tono, extrañado o extrañando, entre el rumor de la memoria y el lenguaje de las cosas olvidadas. Al principio lo hacía con las patas, pero después un grillo me dijo que así no era la cosa, que intentará mejor con los alitros; y así empecé muy joven, cuando traía el pelo pintado de azul, cuando estaba peleado con la vida. Ahora todo es distinto y sigo el consejo de mi amigo en una suerte de fricción o ficción, con fuerza y sin reparo. Es seducción y al mismo tiempo un grito de auxilio, concierto o desconcierto, de una imperfección de la soledad que no se completa hasta ser inadvertida. Del silencio a la palabra, canto o desencanto, salto o asalto la superficie del papel. Escribo porque ya nadie escucha; escribo para decirte: aquí estoy, ven.

Javier Tinajero R.
Para reconocerse tuvo que andar a favor de los vientos.

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