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Foto. Pep Carrió. Sólo el que ama está solo. 2012.


Estar es un trabajo desnudo.
—Juan Gelman

Treinta y siete semblantes. 1. Años como rostros. 2. Rostros come hábitos. 3. Hábitos que no se saben contar… 31. La soledad no se oye ladrar. Es el perro callejero que te acompañaba en tu camino a la escuela todas las madrugadas. Te mordió un día y ahora te da rabia no poder nombrar el alba. 32. Los amores son promesas del fuego. Eran amaneceres en la noche de las sábanas rotas. Cartas abiertas, otros ríos, otros olores. Cada una encantó tu bosque a su manera. Luciérnagas, chispas, fuegos artificiales, incendios tan grandes como versos. 33. Pensar la muerte cambia a la muerte. Lucidez de espejo roto, de ansiedad que no respira. Encontraste el tiempo que habías perdido y ahora es el aparato que mide tu pulso. 34. La filosofía es la moneda de una sola cara. Son los amigos, las caminatas, la poesía de aquella mujer que sabía latín. Ojos que eran tardes, libros prestados, ruinas de inocencia, amistad de gatos y aquel salto de Altazor que te habla por mí. 35. La cárcel de lo que no eres. Días de mayo. Árboles sin flores y sin explicaciones. Sueño que te vio y no supo qué decirte para despertarme: ¿escribes para guardarte en el tiempo o escribes para apuntarme el corazón de la tristeza? 36. Diario de la locura. Tengo un proyecto, volverme loco y (con palabras prestadas, inventariadas, como inviernos inciertos) escribirme en segunda persona. 37. La poesía no es razón para escribir una carta. No hay necesidad de que digas lo que callé. La enfermedad es la cura: la vida, hoy.

Javier Tinajero R.
Para reconocerse tuvo que andar a favor de los vientos.

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