Las hojas muertas

Foto: Remedios Varo, Les feuilles mortes (1956).


Anoche soñé contigo. Estabas sentada en medio del jardín de mi cuarto. Tu vestido reverdecía tan real que la tela caía frágil como un otoño con olor a cabello recién lavado. Tu mano izquierda sostenía el azul oculto de un canto: Oh, je voudais tant que tu te souviennes / Des jours heureux où nous étions amis. (Cuánto me gustaría que te acordaras / de los felices días de cuando éramos…) Y desperté. Tuve miedo de olvidarte con el temblor de la mañana, así que te escribí como si aún el hilo de la somnolencia que me atravesaba pudiera comunicarme contigo a larga distancia: los sueños son días que se van, mis canas son la muerte que llama con el crujido de las hojas secas. Con esas palabras, en esa línea horizontal con aparente falta de sentido, estaba el recordatorio de que hemos sido siempre dos personas distintas: la que sueña y la soñada.

Anoche soñaste conmigo. Estaba mi sombra erguida en medio de tu cuarto: Et la mer efface sur le sable / Les pas des amants désunis. (Y el mar borra en la arena / los pasos de los amantes separados), te cantaba al oído mientras hacíamos el amor, cuando yo era Jacques Prévert y tú la mujer que florecía meciéndose entre lágrimas.


Javier Tinajero R.
Para reconocerse tuvo que andar a favor de los vientos.

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