«La inspiración no existe», eso pensaba. En la escritura todo es consecuencia del buen hábito, de la insistencia, la disciplina. Sin embargo, hay días en que amanece y todo está roto y a la vez encendido, las sensaciones son como tigres, los olores son más que olores y la mente está clavada en las palabras que comienzan andar como hormigas por mis manos. Hay un cosquilleo que se traduce en frases cortas pero claras y afiladas como garras de plata. Y todo llega en un arrebato, en un aliento fresco de vida. Entonces lo inspiro y doy un zarpazo.

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